Su nombre proviene de la comarca de la Garrotxa, en la provincia de Gerona.
Se deja madurar en ambientes muy húmedos y frescos, lo que acaba provocando la aparición de mohos de tonalidad gris azulada que cubren su rugosa corteza.
Su interior es compacto, de textura algo blanda y de color blanco intenso.
Su sabor es muy suave y mantecoso, algo ácido, ligeramente fundente al paladar y con un cierto gusto a avellanas.
Se recomienda acompañar de vinos blancos muy secos y afrutados.